al final del primer milenio
frágil como una ramilla
voluntario me fuì hasta el fin del mundo
resultados efímeros que alcanzaban en la palma de una mano
sin embargo
mi pequeña bolsita de arena la cargué para arreglar el camino
entonces entendí,
en lugar de tapar el agujero
tenia que convertirme en el mismo sendero
y entonces
después de otra caricia de la vida
me di cuenta que
aun tenía que cavar y bajar bien lejos
tu me preguntas qué puedo decir ahora
puedo decir que finalmente soy
yo soy
un hoyo en el camino
en estos olvidados suburbios del mundo
y tan feliz que soy
pisoteado por millones de pasos y lágrimas y sonrisas
nada más pido
ya que este, que nadie sabe, es el verdadero paraíso
Marco Bo
a Nicaragua dedicada
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